The Black Dhalia Murder en HDX Circus Bar: Killer Queen!

Crónica: Roger Valdivia.
Fotos: Mayra Ortiz.

Desde Waterford, Michigan, llegó The Black Dahlia Murder al HDX Circus Bar de Azcapotzalco, para cerrar una serie de fechas por nuestro país con un buche de death metal melódico de alta ejecución.

Regurgitated Divinity, The Arcane Hate & Craven se encargaron de calentar al sediento público por escuchar metal. Los horarios se cumplieron de acuerdo a lo pactado y a las 20:05 horas, inició el ruido. Los representante nacionales jalaron parejo, sonaron machín y sus fieles seguidores no se agüitaron ni por ser domingo, ni mitad de quincena. Le metieron como a la maciza con la asistencia para armar el sudor como baño de vapor.

Con alrededor de 17 años de experiencia, 8 discos de larga duración en la Metal Blade Records, T.B.D.M. volvió a demostrar con su presentación que el género del death metal melódico de corte norteamericano sigue vigente y más firme que nunca, le pese a quién le pese. A las 21:50 horas, dio inicio el show de la agrupación estelar que algunos catalogan como deathcore, otros tantos como melodic death metal o simplemente Death Metal a secas. Ya sin importar la maldita denominación, para los que somos amantes de la música más ruidosa y escandalosa, siempre será lo más sabroso ver a bandas como ésta. El conjunto llegó con un setlist de 18 rolitas, ¡ahí nada más Padre Santo de la Trinidad Eterna de la Bendición Satánica! ¡Sí damas y caballeros!, greñudos locos y roqueros de onda, embarrándose en una hora de maldad y gritos al por mayor. Sin Yolanda y temor, tocaron un set muy en forma y no como muchos otros del género que después de 35 minutos, ni las gracias dan a México y se abren como latas de atún.

Tocan muy rápido, implementan un death metal muy técnico, azotado y a su vez, revientan al que se cruce de frente. El respetable público salió extasiado con liras que se agitaron como antorchas que crecen con un chiflido del viento. A ese gordito bonachón llamado Trevor Strnad con sus gafitas de graduación, le salió los ladridos del diablo y los agudos de bruja desquiciada. Sin tener que cortar cartucho y siempre agradeciendo a sus escuchas, meneó su cabeza en gesto de amabilidad y compenetración con la pandilla. El mosh, que se veía complicado sucediera por el reducido espacio, no fue impedimento alguno para que entre pisadas milimétricas, se encontrase un rincón para hacer un suave y delicioso cagadero con rolas como Everything Went Black, Warborn, Deathmask Divine, As Good As Dead y Funeral Thirst. ¡De su avena!

 

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