T.A.A. en el Teatro Ramiro Jiménez: For the brokenhearted

Crónica: Bruce Alexander “The Great”.
Fotos: Mayra Ortiz.

Melenas de colores, perforaciones, expansiones y tank tops eran la mayoría de las características visuales de las personas que invadieron el #2,545 de la Av. División del Norte. Debo admitir que fue la primera vez que asistía a un evento de este tipo a este lugar y esta zona, pero a final de cuentas, muy accesible el ir y regresar. Directo desde el continente oceánico llegó The Amity Affliction por primera vez a nuestro país para darle gusto a sus más apegados fans quienes llevaban bastante tiempo esperando su llegada.

¿Entonces cómo se puso el rock?   
Entrando al recinto, noté inmediatamente que estaba al full, todas las butacas estaban ocupadas y si alguna sobraba, no se veía a simple vista. Algunos tuvieron que disfrutar el show parados en las escaleras, pero este no fue inconveniente alguno para ver a sus ídolos. Antes de que el cuarteto saliera a escena, sonaron rolas de Taylor Swift, Eminem y Lady Gaga que varios se pusieron a corear y aplaudir. También pudimos observar que llevaron una lona de fondo, donde se mostraba toda una soga de suicidio con forma de corazón que era acompañada por la frase: “Don’t lean on me”. Ya sabemos que estos muchachos apoyan a las organizaciones anti-suicidios y ese rollo está cool.
No hubo una larga espera para que se apagaran las luces y los integrantes empezaran a tomar su lugar en el escenario. Joel Birch nos dio las buenas noches en español y, justo cuando nos iba a decir algo más, fue interrumpido por el bajista Ahren Stringer, quien explotó con I Bring the Weather With Me. Open Letter sería la segunda canción de la noche y el grito de “Fuck No”, fue de las cosas más potentes cantadas por la audiencia. Ahora era turno de escuchar canciones de su disco más popular Let the Ocean Take Me (2014). Lost & Fading, Never Alone y The Weigh Down fueron las elegidas por los australianos. Me atrevo a decir que estas fueron de las que más pusieron a brincar y cantar a muchos de los presentes. Inclusive algunos se transformaron en animalillos silvestres y se subieron a su butaca para cantar con toda la emoción a flor de piel.

¿Entonces?  
La banda formada en el año 2003 en Gympie, Queensland, también emocionó con rolitas como All Fucked Up, Fight My Regret y Some Friends. El final se acercaba y con ello, las mejores canciones de la noche mostraron crudeza y delirio entre los adolescentes con los himnos Pittsburgh, Don’t Lean On Me y This Could Be Heartbreak. Esta última, sin duda alguna es muy pegajosa y más con el coro: “This could be, I think this could be heartbreak”. El conjunto de la popular ola post-hardcore agradeció a los mexicanos, aventaron sus plumillas, posaron para la foto con el público de fondo y se retiraron con bastante sudor en sus rostros. Fue un gran show en casi todos los aspectos, aunque considero que la única desventaja que tiene el teatro, es que no se pudo echar el breakdown tan fácil por tanta butaca. Pero en cuanto a iluminación, audio, campo visual, snacks, bebidas y demás, sin bronca la pasas de rechupete. Lo último que hay que agregar es esperemos que The Amity Affliction regrese pronto a nuestra ciudad y nos pueda ofrecer un show aún más largo.

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