Ross the Boss en Foro Moctezuma: ¡Reyes, juramentos y sangre!

Crónica: Bruce Alexander.
Fotos: Angélica Rincón.

Nuestro segundo día consecutivo en la Colonia Moctezuma tras ver el día de antier a Razor en el Foro Moctezuma. Ya era sabido que la noche de ayer tendría cartelera doble de metal internacional con Belphegor en el Circo Volador, lo cual motivó a la promotora MetalUnion Prods a ponerse chula con los fanáticos de Ross The Boss e hizo un descuento a todos aquellos que saliendo del concierto de los austriacos, se fueran a cantar himnos de heavy metal al Foro Moctezuma.
Por otro lado, Manowar nunca ha visitado nuestro país y dudo mucho que suceda por lo que quieren cobrarle al mercado mexicano, por lo menos 500 mil dólares. Ojalá me equivoque y algún día vengan. Pero bueno, mucho antes de eso, nos enteramos que a Ross The Boss (quién fue seis años guitarrista original de Manowar) se le ocurrió hacer su súper grupo con diversos integrantes de la escena heavy metal. Y para nuestra buena fortuna, su primera presentación en México contó con la presencia de Rhino (ex – Manowar) en la batería, Michael Lepond (Symphony X) en el bajo y Marc Lopes (Let Us Pray) en la voz. Ok, esto era lo más cercano que podríamos tener de Manowar y bien valía la pena apostar por el show.
Aquellos fanáticos que tienen sangre de metal y verdadero espíritu por la adrenalina, no dudaron en asistir a este concierto. Varios de ellos llegaron a las 20:00 horas para verlo todo. Otros más, un tanto después. Para iniciar con la música en vivo, The Ripper se llevó las palmas y respeto de aquellos quienes estaban observando la primera agrupación de la noche. No los había visto antes y me dieron un grato sabor de boca con todo el sonido del heavy más clásico que los caracteriza. Dhemag incendió el escenario con rolas de su álbum Mr. Sinner. Les recomiendo escuchar las canciones Fight For Rock y Ghost of Ahania, al mero estilo NWOBHM (1980-1984).
Después de salpicar hierro y metal en el ring, los rudos, los rudos, los rudos de Battle Raider espaciaron su magia con cuero y músculos en el tercer acto de la noche. De hecho, mostraron una muy buena calidad en canciones como Irons In My Heart, donde su voz nos recordó a los dioses del olimpo y de los truenos del más allá. ¡Nuevas generaciones impulsando la furia metalúrgica!
Tiempos después, los norteamericanos estaban en el escenario arreglando esos detalles para que nosotros disfrutemos hasta el final de un concierto lleno de calidad y recuerdos de los formados en Auburn, Nueva York, en 1980. Estando hasta el frente, me di cuenta que habían dos mesas con artefactos raros en el pit de fotografía, los cuales no les di importancia a fondo y me dispuse a poner más  atención a lo que sucedería en el escenario. Por fin, todos terminaron de afinar sus instrumentos, las luces se apagaron tenuemente y Lopes nos dio las buenas noches para después escuchar el glorioso intro Blood of the Kings. En ese instante, los artefactos que les describí como raros unas líneas atrás, en realidad eran máquinas de fuego que se prendieron de forma espontánea. No sé qué empezó a generar más calor, el fuego, las chispas o la energía de la banda que llegó con todo. ¡Bien ahí! Por desgracia, Ross The Boss no salió con un extravagante atuendo como lo hacía con los tíos de Manowar, sin embargo, eso no impidió que destacara lo más importante, su agilidad en la guitarra para dedicarnos esos legendarios riffs.
Este fue uno de esos conciertos en los que tenías que cantar todos los coros a como diese lugar y sin pretexto alguno. Blood of my Enemies, Thor e Each Dawn I Die, nos transportaron al pundonor y la gloria. Era perfecto escuchar estos clásicos de los primeros materiales de Manowar, mientras la audiencia gritaba: “¡Ross!, ¡Rhino!”. Después de eso, escuchamos el sello The Sign of the Hammer, que le puso la piel eriza a más de uno. Tras observar con atención a “El Jefe” y “El Animal”, me dispuse a dirigir mi mirada a Marc y Lepond, especialmente en Dark Avenger y Metal Daze. Ahí, noté que Mike tiene una gran técnica y precisión para interpretar el bajo, no por nada es bajista de Symphony X. En el caso de Marc, tal vez no sea tan renombrado como los otros músicos, pero sin lugar a dudas tiene un grandioso rango vocal y su presencia en el escenario es eminente. Se mueve como un niño de esquina a esquina, muy dinámico.
Nadie quería que esto terminara, pero qué mejor manera de finalizar un show tan continuo, que con la emblemática canción Battle Hymn. Ésta, fue la canción que puso a cantar hasta el último guerrero con ganas de pelear por su honor. Con las máquinas de fuego a tope y la adrenalina al máximo, todos dejamos hasta el último espadazo en esta épica lucha. Para concluir, Ross y la banda se tomaron una foto del recuerdo, nos regalaron unas plumillas y bajaron del escenario para  convivir por unos instantes con los Manowarriors. Bastante humildes, ¡fue grandioso!

 

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