Cleric, Simulacrum y Godflesh en el Lunario: Un mundo iluminado sólo por fuego

Crónica: Aztro.
Fotos: Ray Marmolejo y No Soy Un Ajo.

La renovada edición del festival #BestiaAural concretó una de sus funciones más sobresalientes al realizar el concierto de Godflesh, Simulacrum y Cleric en el Lunario del Auditorio Nacional la noche de ayer. Al ingresar al inmueble, el sitio estaba conformado por metaleros y gente enfocada en actividades de corte cultural para complementar el panorama. A partir de las 21:00 horas, el cuarteto de Cleric salió  a ejecutar ritmos progresivos que fueron fusionados por la locura de un frontman que expresaba una voz gutural de alto nivel. Al mismo tiempo, el alocado músico que no dejaba de mover la melena en cada instante que podía, también tocaba los teclados de la banda en una función doble que es algo inusual para esta banda que combina rock, metal y mucho debraye. Un delgado liro se clavaba en su instrumento sin misericordia, en fragmentos inesperados, paraba al mismo ritmo de la batería. Algo que pudiese ver visto como algo sacado de la manga, pero que sin lugar a dudas tenía una perfecta planificación. Muy buen show de estos jóvenes que sorprendieron a propios y extraños con un sonido limpio que está influenciado por Melvins y Swans de alguna manera.
Más adelante, el trío de Simulacrum entró directo en un túnel cósmico, matemático y altamente volátil. Sin un fin de creatividad, mucha experimentación en su composición y con mares de música progresiva y precisa, el conjunto norteamericano mostró un teclado de fantasía y burbujas llenas de imaginación que sólo John Medeski, Keny Grohowski y Matt Hollenberg pueden realizar en un escenario que los trasladó a una dimensión desconocida. ¡Un show irreal de estos señores, que dedicación a sus instrumentos!
Para cerrar la noche, el dúo británico de Godflesh por fin le mostró su rostro a México por primera vez en sus 28 años de historia. Rompiendo paradigmas como siempre lo han hecho con su música y sus shows en vivo, el metal industrial de Justin Broadrick y G.C. Green desprendieron visiones de luchas internas y el odio de una sociedad consumida por el poder y la avaricia.
Sus densas guitarras, un bajo profundo y las mezclas electrónicas que funcionan como la base de su música a través de una laptop, invadieron la mente de todos los presentes con estilo y categoría. De forma clara, se vio el reflejo en todo el concepto de algunas de sus influencias principales: Throbbing Gristle y Leonard Cohen. Una verdadera belleza que en sí,  es compleja de describir por su originalidad. Un verdadero show de antología que difícilmente se repetirá en nuestro país.

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